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El grosor de la cerámica no determina su calidad

El grosor de la cerámica no determina su calidad

En principio cuando vemos una pieza de gres gruesa antes de ser colocada, tenemos la sensación de mayor consistencia y dureza. Pero aunque esto suele suceder, no tiene que ser siempre así. Para entenderlo podemos coger el ejemplo de las piezas de barro. Normalmente estas suelen tener un grosor entre 15 a 20 mm. En cambio no son piezas que resistan bien ante los impactos o al uso intensivo. Por no hablar de su deterioro ante heladas o cambios bruscos de temperatura.


Los pavimentos de gres, y en concreto el gres porcelánico, con independencia del sistema de fabricación, prensa o extrusión, superan normalmente estás pruebas.

También es muy importante la solera sobre la que van a ir colocadas las piezas. Tiene que estar perfectamente compactada y nivelada según la necesidad de control de las caídas del agua. Por último, la unión entre pieza y solera deben formar un solo bloque para evitar los movimientos de las piezas. Una pieza mal colocada soporta muy poco el peso y rompe con facilidad por muy poco que sea este.

En resumen, el grosor de la pieza de cerámica es uno de los factores menos determinantes para obtener un buen resultado en una superficie de gres. El tipo de material empleado para su fabricación y posterior colocación o un buen trabajo en la mano de obra, son definitivos para lograr un buen resultado